VIVIR SOLA Y LEJOS DE CASA

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Hace ya más de un año que me planteaba, otra vez, cómo meter todas mis cosas en solo dos maletas de 23 kilos; que me montaba en un viejo e incómodo avión de Iberia, que Barajas se convertía en el cómplice de mi marea de sentimientos.

Hace ya más de un año que me iba lejos, a 8.301 km de mi gata Lüa y sus ojos verdes, de mi cama siempre deshecha, de un abrazo de mis abuelos, de las sobremesas con mis padres, del cielo de Madrid, de las cañas con mis amigos…

De mi vida.

A veces asusta ver lo deprisa que pasa el tiempo. Otras, reconforta ver que en ese tiempo han pasado muchas cosas, buenas la mayoría, malas, regulares pero cosas. Reconforta sentir que has sobrevivido.

Vivir fuera implica en la mayoría de los casos vivir de alquiler. Y vivir de alquiler supone digerir muy lentamente que estás de paso, nunca llegar a sentir que estás “en casa”. Tal es así el sentimiento en mi caso que llevo para comprarme muebles un año y pico (sigo sin ellos) porque siempre me parece que en cualquier momento las cosas pueden cambiar y tenga que irme. Lo mismo me pasa con pintar las paredes, con colgar cuadros, con tener mascota… Y al final lo que me pasa es que acabo viviendo en un austero refugio soviético en el que mi mayor bien material es una silla giratoria.

(..mirada al infinito, cancioncilla de José González de fondo, brisa marina en el pelo, secado breve y elegante de lágrimas..)

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Vivir fuera, cambia tu idiosincrasia personal y lo quieras o no, te pone face to face contigo misma. Te obliga a ser turista de tu propio yo. Lo cual puede ser tanto bueno, como malo a partes iguales. Puede ser bueno, porque descubres cosas de ti misma que no sabías y puede ser malo, valga la redundancia, porque OH SÍ descubres cosas de ti misma que no sabías.

A veces, asusta la hostia asomarse al interior.

Y es que lo que pasa viviendo sola y lejos de casa es que a veces, lo único que quieres es que alguien se ocupe de ti, piense por ti e irónicamente decida por ti.

Tú: aguerrida joven mujer, target de jeans de marca, decidida e independiente te sorprendes a ti misma en un mal día haciéndole frente a un superávit de tristeza, lloriqueando por las esquinas porque no encuentras el sabor de yogur que siempre compras o porque tienes que ir al banco a reclamar que te han cobrado dos veces lo mismo y sientes (de verdad lo sientes) que no tendrás fuerza suficiente para poder gestionar la magnitud de tal situación…

Pero,¡ ey frenes! eso solo pasa a veces.

Porque hay otras veces, muchas otras, que se disfruta un montón. Tu ritmo, tus costumbres, tu espacio, tú.

Tanto, que te hace llegar a pensar en que quizás eso de estar 5 días comiendo lo mismo, pues oye.. que no está tan mal…

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LadyMadriz

albaparages@gmail.com / “Tú cocinas y yo friego los platos” como máxima en la vida. Creativa publicitaria que a veces escribe en Internet. Madrileña en Panamá.

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