MI ABUELA NO ES LA ÚNICA QUE NO SABE A QUÉ ME DEDICO!

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19.00 p.m. Panamá
35 grados a la sombra
99.09% de humedad

Viernes. Quincena. Tráfico mortal. (¡¡llevo más de un año viviendo en Panamá y aún me cuesta entender la histeria colectiva de esos días!!) Salgo de una reunión en Mordor. Sólo quiero llegar a mi casa. No hay taxis. Hay taxis. No me llevan. Motherfuckers.

Lloro internamente (que llevo rimmel). Me armo de valor y decido caminar rumbo a ningún sitio definido aún sabiendo que la probabilidad de que mis pies se fundan en el asfalto es tan alta como el índice de humedad. De repente, alguien me pita. ¿Será la vida dándome una segunda oportunidad? No, es un taxi del milenio pasado, cayéndose a trozos. -Ese detalle, quizás hubiese importado en otro momento. En ese, definitivamente no importaba-

Me monto en el asiento de adelante. El de atrás va ocupado por dos chicas. La distancia entre el conductor y yo transgrede y apalea mi espacio personal. Respiro. O al menos lo intento. Somos 4 personas dentro de un diminuto coche sin aire acondicionado y en medio de 4 carriles atestados. ¡Ah! Y con Fabulosa FM ofreciéndonos temas con estribillos como “quién no baja no ama”. Ajá, este es el desolador escenario en el que me encuentro.

– Que comience el viaje y la suerte esté siempre de su lado –

“Pues sí que hace calor hoy, sí”

“Es que por aquí siempre siempre siempre paaasa lo mismo, buco tranque”

Obrero exterior gritando a taxista interior: “chaaa vaya hermosuras cargas ahí hermano”

Taxista asiente orgulloso. El machoalfismo que lleva dentro, le sale a borbotones y responde por él.

Silencio incómodo.

Taxista percibe el malestar creado.

Taxista intenta arreglarlo. Taxista comienza a fracasar en su intento desde que abre la boca.

Taxista comenta: ¿“ustedes como se sienten cuando un desalmado así las piropea”? Me hago la sorda.

Mujeres se bajan del taxi, no responden, llegan (huyen) a su destino.

Yo, me quedo sola con el marrón.

De eso pasamos a la inmoralidad del mundo gay, a el “yo tengo muchos amigos gays pero…” y nos quedamos en el “hay que ver a qué límites no morales estamos llegando” Bueno. Pues vale. ¡¡¡Que me lleve a mi casa y se calle por Dios santo! ¡!

Sólo nos hemos movido 50 metros. Han pasado 45 minutos. No os puedo explicar mi temperatura corporal…abro todas las ventanillas posibles, que para ser exacta es una, puesto que las demás, amablemente me informa el taxista, no funcionan. La madre que le parió.

Ya ha pasado hora y cuarto.

-Y bueno, ¿qué estás aquí de paseo o estás trabajando?

-Trabajando

– ¿Y en qué?

-Publicidad

– ¡Anda Publicidad! (Todo el mundo cuando le dices que trabajas en Publicidad se pone muy contento sin tú saber exactamente el motivo “andaaa que interesante”) ¿Comerciales para Tv?

– Digital

-Poker Face-

-…Ya sabe… redes sociales…

-¿Oh vaya, entonces tú sabes de Facebook y esas vainas?

-Ehmm..sí, algo sé, sí…(quiero bajarme mucho de ese taxi, ahora Enrique Iglesias en la Radio)

– Oye mira este es tu paisano, bueno que lo que te iba a decir… ¡Me viene estupendo que estés aquí! Tengo yo ahí una duda, déjame que te cuente…

-TERROR-

“Lo que pasa es que a ver. Yo tengo en mi Facebook fotos con mi mujer, tú sabes las típicas del besito en la Cinta costera y así, pero ahora resulta que me he echado una amiguita. No, no me mires así, ya es EX mujer, la dejé cuando llevaba tres meses con esta amiguita que le digo..”

(Todo un caballero, sí señor, un tipo íntegro, elegante, un gentleman. Más hombres así por favor. Ardo en deseos)

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Bueno, ¿Qué me pasa? Que esta amiguita nueva, pues resulta que quiere ser mi amiga en Facebook y claro imagínate, yo ahí con esas fotos de la otra…se me forma. Lo que yo te quiero decir es que si quieres podemos ser amigos también en Facebook (negativo, no va a pasar) y aparte que si me puedes borrar todas esas fotos (dándome su móvil).

Atontada por el calor y por la inverosímil historia, agarro el teléfono sin querer hacerlo. Yo solo quiero que toda esa situación se acabe, por el amor del Universo. Veo que por fín estamos llegando a mi casa. La realidad me da un bofetón que me hace salir del letargo. Cojo ese teléfono y se lo doy de vuelta, le digo rápidamente los pasos que debe llevar a cabo. Veo que la cara se le desencaja. No entiende nada. Me da igual. Aprovecho­ el momento de confusión.

¿Le ha quedado claro verdad? Cuanto me alegra. Mire a ver si me deja ahí. Exacto en la esquinita. Le pago. Huyo. Le dejo con la palabra en la boca.

Aún algo abrumada, corro hacia mi edificio. Sudada. Agotada mentalmente. Subo deprisa en el ascensor. Abro la puerta de mi habitación. Me tiro en la cama. Enciendo el aire acondicionado. Por fín, soy libre.

Mi padre tenía razón: tenía que haber estudiado otra cosa

 

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LadyMadriz

albaparages@gmail.com / “Tú cocinas y yo friego los platos” como máxima en la vida. Creativa publicitaria que a veces escribe en Internet. Madrileña en Panamá.

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