CHICOS TRISTES CON CARAS FELICES

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Cuando despiertas en las mañanas te dices a ti mismo: “Voy a ser feliz” o al menos tratas de seguir el plan al pie de la letra.

Vas al armario y agarras lo más nuevo que tengas en él, te lo pones, te limpias la cara, te peinas y estás listo para salir.  Todo un galán.

Llegas al lugar, caminas y hablas como si nada te importara, mientras por dentro mueres de la preocupación. Aparentas ser malo y que nadie puede romper tu corazón pero tú mismo sabes que ya te lo han vuelto pedazos más de una vez. Hay veces en que tus propios amigos piensan que tu vida es perfecta y que no hay ningún problema, por lo que se acercan y te piden consejos de vida; se los das porque sabes que probablemente ellos tomen la decisión correcta, a diferencia de cuando te tocó a ti tomarla.

Cuando te das cuenta estás dentro de un caparazón, el cual te protege de todo lo que te lastima. Te protege de la realidad. Pero llega un momento en el que alguien con pinzas más grandes y un caparazón más fuerte que el tuyo viene y rompe aquella concha que te protege y huyes de lo que antes era tuyo, para robar el de otro cangrejo.

Quien sabe si te lo buscaste, por ser ingrato con tus padres y amigos, por haber pensado que lo tenías todo bajo control. Quien sabe si merecías que te rompieran el corazón, por no haber aprovechado el tiempo que estuviste junto a esa persona y le hacías reclamo por no cumplir todos tus caprichos. Porque todos te abrían el corazón y tu solo abrías la boca para criticarlos.

Ellos piensan que eres así porque si, pero tu sabes que estás lleno de dudas e inconformidades. Que quieres atención o que al menos una sola persona te de su cien por ciento.

Pero, ¿A qué le temes? Déjame verte, yo también he pasado por eso. No, no lo he superado. Soy igual a ti. Pero al menos sabremos que no estamos solos porque al final, nos tenemos el uno al otro.

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Gilberto

gilbertortega@icloud.com / Pienso más de lo que hablo, pero eso no evita que llame la atención. No tienes que estar enamorado para opinar sobre amor, no tienes que conocer la felicidad para hablar sobre ella, pero si tienes que ser humano para hablar de lo que te entristece.

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